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El “pellizco en la nuca” de Calvo para medir hidratación felina

Paula Calvo, conocida como educadora felina, propone una prueba simple para saber si un gato está bien hidratado. La recomendación ha generado dudas entre veterinarios y dueños: ¿basta con apretar la piel del cuello para prevenir problemas urinarios y renales?

Los felinos domésticos suelen beber menos agua que otros animales de compañía. Un gato promedio ingiere entre 30 y 70 ml de líquido al día, cifra que varía según la dieta y la temperatura ambiente. Esa escasa ingesta es la razón por la que la deshidratación pasa desapercibida hasta que aparecen síntomas graves, como cálculos urinarios, infecciones renales o la temida “obstrucción uretral”. En ese contexto, cualquier señal de alerta temprana resulta valiosa.

Paula Calvo, quien se promociona como “educadora felina” en redes sociales y ofrece charlas en tiendas de mascotas, ha popularizado la “prueba del pellizco en la nuca”. Según ella, si al apretar ligeramente la piel del cuello del gato ésta vuelve rápidamente a su posición, el animal está bien hidratado; si la piel queda flácida o tarda en regresar, habría que consultar al veterinario. La propuesta, presentada en un video que acumuló más de 150 000 reproducciones, se ha difundido rápidamente entre dueños que buscan soluciones prácticas sin salir de casa.

La pregunta que surge al instante es: ¿existe respaldo científico para ese método? La literatura veterinaria no menciona el pellizco cervical como indicador de hidratación. Los estudios sobre la evaluación del estado hídrico en felinos se centran en parámetros como la elasticidad de la piel del abdomen, la turgencia de la mucosa gingival, la concentración de orina y el análisis de sangre. En particular, la “prueba del skin turgor” se realiza en la zona lumbar o en la base de la cola, donde la piel es más gruesa y su respuesta menos influida por la grasa subcutánea. La nuca, por su anatomía y la cantidad de grasa que suele haber en esa zona, no es el punto habitual para medir elasticidad.

Algunos veterinarios que siguen a Calvo en redes sociales han manifestado su escepticismo. La Dra. María Fernández, de la Facultad de Veterinaria de la UBA, señala que “el pellizco en la nuca puede dar una idea muy vaga, pero no es una herramienta diagnóstica. Lo que importa es observar la cantidad y la frecuencia de la micción, la claridad de la orina y, sobre todo, ofrecer agua fresca y de calidad”. Otros profesionales añaden que la prueba podría generar falsos positivos o negativos, especialmente en gatos obesos o muy delgados, donde la piel responde de forma diferente.

La propuesta de Calvo también plantea una cuestión de responsabilidad informativa. En la era de los “influencers” de mascotas, la línea entre la educación popular y la divulgación científica se vuelve difusa. Cuando una figura con miles de seguidores sugiere un método que no está respaldado por la comunidad médica, el riesgo es que los dueños confíen ciegamente y descarten una visita al veterinario hasta que el problema sea irreversible. En el caso de la hidratación felina, la detección temprana de un problema urinario puede marcar la diferencia entre un tratamiento sencillo y una cirugía de emergencia.

Sin embargo, la crítica no debe descartar por completo la utilidad de la prueba. En ausencia de herramientas más sofisticadas, un examen rápido de la elasticidad cutánea puede servir como recordatorio de que el gato necesita más agua. Lo que sí falta, según los expertos, es acompañar esa observación con otras señales: la presencia de espuma en la orina, cambios en el apetito, letargo o vómitos. Además, la recomendación de colocar fuentes de agua en varios puntos de la casa, ofrecer alimentos húmedos y añadir cubitos de hielo a la bandeja son medidas respaldadas por la literatura para aumentar la ingesta hídrica.

En la práctica, la hidratación felina se vuelve un tema de rutina cuando el dueño revisa la bandeja de arena al menos una vez al día. Si el gato orina en pequeños chorros, con frecuencia, o la arena permanece húmeda poco tiempo después, esos son indicadores más fiables que la elasticidad de la piel. La Asociación Argentina de Medicina Felina (AAMF) sugiere también el uso de pruebas de densidad urinaria con tiras reactivas, un método barato y rápido que brinda datos concretos sobre la concentración de la orina.

A la luz de estos argumentos, la propuesta de Calvo parece más un truco de divulgación que una herramienta diagnóstica. No se trata de desacreditar su intención de concientizar a los dueños, pero sí de matizar la información. Un “pellizco en la nuca” puede ser el punto de partida de una conversación, siempre y cuando se complemente con una observación cuidadosa del comportamiento del gato y, de ser necesario, con una visita al profesional.

Quedan abiertas preguntas que la comunidad debería responder: ¿existen estudios que comparen la elasticidad de la piel en la nuca con la del abdomen en gatos deshidratados? ¿Podría la prueba de Calvo ser útil en una primera evaluación, siempre bajo la supervisión de un veterinario? Hasta que se publiquen datos que lo respalden, la recomendación más segura sigue siendo la vigilancia constante y la consulta a un experto cuando se sospeche una anomalía. En un país donde la mortalidad por enfermedad renal felina sigue en aumento, la información debe ser clara, contrastada y, sobre todo, basada en evidencia.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 28 de agosto de 2026 - 12:56hs

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