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ICE inicia deportaciones de más de 3.000 tras perder TPS

El organismo migratorio de EE. UU. comenzó a detener y expulsar a miles de personas que vieron vencido su Estatus de Protección Temporal en agosto de 2026. El primer vuelo, con 1 200 pasajeros, despegó de Miami mientras ONG advierten que la medida podría desencadenar extorsiones y violencia en destinos como Haití.

El 27 de agosto de 2026 el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) puso en marcha la primera ola de deportaciones vinculada a la expiración del Estatus de Protección Temporal (TPS) otorgado a ciudadanos de ocho países. Según datos oficiales, ya se han detenido a 3 214 personas que, al perder el TPS, quedaron sin un mecanismo legal para regularizar su situación en Estados Unidos. El operativo, anunciado como “reconstrucción de la seguridad fronteriza”, se ejecutó sin una notificación previa a la comunidad migrante ni a los representantes legales que habían pedido prórrogas.

El vuelo inaugural salió del Aeropuerto Internacional de Miami a las 02:30 hs con 1 200 pasajeros a bordo, mayoritariamente haitianos y nicaragüenses. La embarcación, operada por una compañía de carga adaptada a traslados de personas, aterrizó en el Aeropuerto Internacional Toussaint Louverture de Puerto Príncipe, donde los migrantes fueron recibidos por autoridades locales y, según testigos, por grupos armados vinculados al crimen organizado. “Nos dijeron que teníamos que pagar para poder salir del aeropuerto. No sabíamos a quién acudir”, comentó una mujer de 34 años que viajó con sus dos hijos. Organizaciones de derechos humanos, como la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y la Asociación de Defensores de Migrantes (ADM), denuncian que la falta de protocolos de protección abre la puerta a extorsiones, secuestros y violencia.

El TPS, creado en 1996 como una medida temporal frente a desastres naturales o conflictos armados, había sido renovado en varias ocasiones por el Congreso y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS). La última extensión, aprobada en junio de 2025, estableció una fecha límite de agosto de 2026, con la condición de que los beneficiarios solicitaran un cambio de estatus antes de su vencimiento. Sin embargo, la Oficina de Servicios de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) reportó que el 68 % de los solicitantes no completó el proceso a tiempo, en parte porque la información sobre los requisitos se difundió de manera fragmentada y con retrasos administrativos.

Las críticas no se limitan a la ejecución del plan. Expertos señalan que el ICE no ha publicado un desglose detallado de los criterios que determinan quién es detenido y quién es deportado. “Hay inconsistencias en los registros: algunos individuos que presentaron pruebas de residencia continua fueron incluidos en la lista”, apunta la abogada migrante Laura Méndez, quien lleva años representando a comunidades haitianas. La falta de transparencia genera dudas sobre la legalidad del proceso y abre la posibilidad de litigios ante tribunales federales.

Mientras tanto, el gobierno de Haití, que ya enfrenta una crisis humanitaria agravada por la violencia de bandas armadas, ha pedido a EE. UU. que suspenda las expulsiones hasta que se garantice la seguridad de los retornados. En una carta enviada el 25 de agosto al Secretario de Seguridad Nacional, el primer ministro Ariel Henry advirtió que “la devolución masiva de ciudadanos haitianos sin un plan de recepción efectivo puede traducirse en una nueva ola de desplazamientos internos y en la intensificación de la criminalidad”. El Departamento de Estado, sin embargo, sostuvo que “la política migratoria se basa en el cumplimiento de la ley y que los Estados Unidos no pueden ofrecer refugio indefinido a quienes no califican bajo los criterios establecidos”.

La medida también ha encendido la polémica dentro del propio Congreso. El senador demócrata de Nueva York, José Serrano, presentó una moción para suspender temporalmente las deportaciones mientras se revisan los casos pendientes y se evalúan los riesgos de seguridad en los países de origen. Por su parte, la mayoría republicana ha defendido la acción como una respuesta necesaria al “abuso del sistema migratorio”. “No podemos seguir premiando la permanencia ilegal bajo la excusa de una protección temporal que ya no tiene fundamento”, declaró el representante republicano John Ratcliffe en una entrevista el lunes.

En el terreno, los centros de acogida en Miami y Nueva York reportan un aumento de la demanda de asistencia legal y humanitaria. La organización sin fines de lucro “Migrant Rights Now” ha registrado un 45 % más de consultas en la última semana, y ha abierto una línea de emergencia para víctimas de extorsión en tránsito. Según sus datos, al menos 27 personas han denunciado intentos de cobro de dinero por parte de intermediarios que se hacen pasar por funcionarios del ICE. “Estamos frente a una catástrofe preventiva: el miedo a ser deportado está alimentando una economía informal de criminales”, advierte la directora ejecutiva, María González.

El panorama legal también se complica porque la Corte Suprema de EE. UU. aún no ha tomado una decisión definitiva sobre el caso “Doe vs. ICE”, en el que varios migrantes alegan que la detención masiva viola sus derechos bajo la Enmienda Cuatrota. La solicitud de un mandato judicial que obligue al ICE a suspender las expulsiones sigue pendiente, y el juez de distrito que lleva el caso ha señalado que “el equilibrio entre la seguridad nacional y los derechos humanos es una cuestión que requiere un análisis profundo y no puede resolverse con medidas de urgencia”.

En conclusión, la fase inicial de deportaciones masivas tras la pérdida del TPS plantea más preguntas que respuestas. La ausencia de un plan de protección en los países de destino, la falta de claridad en los criterios de selección y la reacción de los gobiernos locales sugieren que la política

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 28 de agosto de 2026 - 07:23hs

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