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Israel mata a cuatro en Gaza, pese al llamado de EE UU

Cuatro personas, entre ellas dos niños, perdieron la vida en un bombardeo israelí sobre Gaza, a horas de que Washington instara a frenar los ataques. El ejército israelí asegura haber alcanzado objetivos de Hamas, pero la cifra de civiles muertos vuelve a poner en tela de juicio la efectividad de sus advertencias y la presión internacional.

El pasado viernes, al caer la noche, una serie de explosiones sacudió el sector sur de la Franja de Gaza. Según informes de la oficina de prensa del Ejército israelí, los impactos fueron dirigidos contra “posiciones de milicias y depósitos de armas” de Hamas. Sin embargo, los primeros datos que emergen de la zona indican al menos cuatro víctimas mortales, dos de ellas niños de menos de diez años, y decenas de heridos.

El hecho ocurre justo cuando el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, había reiterado en una rueda de prensa que Washington sigue “exigiendo a Israel una reducción inmediata de la violencia” y que el objetivo es “proteger la vida de los civiles”. La contradicción entre la petición diplomática y la operación militar se vuelve más evidente cuando, según la agencia de la ONU para la Asistencia Humanitaria, las autoridades de Gaza habían emitido un aviso de evacuación a los residentes del barrio donde cayeron los últimos ataques. ¿Se cumplió realmente el aviso? Testimonios de vecinos indican que la alarma se activó apenas minutos antes del bombardeo, sin tiempo suficiente para que las familias se desplazaran a los refugios anunciados.

Israel, por su parte, sostiene que la ofensiva forma parte de una “operación de desarticulación” de la infraestructura militar de Hamas, y que los errores son inevitables en un conflicto donde combatientes y civiles se mezclan. Esa lógica ha sido utilizada antes para justificar la alta mortalidad civil. En este caso, la presencia de dos menores entre los fallecidos plantea la cuestión de si los criterios de “objetivo militar legítimo” están siendo aplicados de forma rigurosa o si, más bien, la precisión de los ataques es limitada. Las imágenes difundidas por la oficina de prensa muestran escombros y estructuras residenciales colapsadas; el daño colateral parece superar la supuesta precisión de los sistemas de guía.

La presión de Washington no es la primera que se ejerce sobre Israel. Desde el inicio de la última escalada, múltiples gobiernos y organismos internacionales han llamado a la “proporcionalidad” y al respeto del derecho internacional humanitario. No obstante, la respuesta israelí ha sido reiterar que la “seguridad de sus ciudadanos” justifica cualquier medida. La pregunta que queda en el aire es: ¿dónde se traza la línea entre legítima defensa y castigo colectivo? La muerte de niños, que no pueden ser combatientes, sugiere que el límite se está cruzando con frecuencia.

En el terreno, la población civil de Gaza vive una crisis humanitaria que se agrava día a día. Según el Comité Internacional de la Cruz Roja, más de 1,3 millones de personas dependen de ayuda humanitaria, y los recursos de agua y energía son escasos. Cada nuevo bombardeo complica la logística de los equipos de socorro, que se ven obligados a sortear escombros y a atender a heridos en medio de la incertidumbre de nuevos ataques. La falta de corredores seguros para evacuaciones y la ausencia de garantías para los civiles hacen que cualquier “advertencia” resulte, en la práctica, ineficaz.

El llamado de EE UU, aunque sonoro, no ha conllevado a una acción concreta que impida la continuación de la ofensiva. La diplomacia parece estar atrapada entre la necesidad de apoyar a su aliado estratégico y la presión de la comunidad internacional que exige una respuesta más humana. ¿Puede la administración estadounidense ejercer suficiente presión para que Israel modifique sus tácticas, o la dependencia geopolítica sobre el conflicto israelí‑palestino limitará su margen de maniobra?

Mientras tanto, la vida de los familiares de las víctimas continúa bajo la sombra de la incertidumbre. María, madre de uno de los niños fallecidos, describió el momento en que escuchó el ruido: “Era como una explosión de trueno, y en un segundo la casa se vino abajo. No había tiempo para nada”. Su testimonio pone en relieve la crudeza de la situación y la falta de una protección real para la población civil.

En conclusión, el bombardeo que dejó cuatro muertos, entre ellos dos niños, vuelve a encender el debate sobre la proporcionalidad de la respuesta militar israelí y la efectividad de los llamados internacionales a la calma. La brecha entre la retórica de “objetivo militar” y la realidad de un alto número de víctimas civiles no se cierra con simples declaraciones. Mientras EE UU sigue pidiendo frenar la violencia, la pregunta que queda sin respuesta es quién tiene la capacidad y la voluntad de traducir esas palabras en acciones que realmente salvaguarden la vida de los inocentes en Gaza.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 28 de agosto de 2026 - 07:53hs

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