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Leonas remontan goleada y alzan la Copa del Mundo

Tras caer 4-0 ante Holanda en la fase de grupos, la selección argentina de hockey femenino dio vuelta la página en la final de Santiago del Estero. Con diez debutantes y una actuación de sangre fría, Las Leonas superaron al favorito y sumaron su tercera estrella mundial.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 29 de agosto de 2026 - 15:43hs

El viernes 27 de junio, el estadio de hockey de la Universidad Nacional de Santiago del Estero se convirtió en el escenario de una de las remontadas más recordadas del deporte argentino. Las Leonas, que habían sufrido una humillante derrota de 4-0 frente a la escuadra neerlandesa en la primera ronda, entraron al último partido con la moral a medio camino y con la presión de un público que aguardaba la respuesta de su equipo.

El encuentro empezó con la misma intensidad de la primera fase: los holandeses, que llegaban como favoritos tras tres títulos consecutivos, impusieron su juego rápido y dominado. Sin embargo, la defensa argentina mostró una solidez inesperada. La capitana, María José Granatto, organizó la línea trasera y, junto al portero Agustina Albertario, evitó que el marcador se inflara más allá del 1-0 que marcó la delantera de los Países Bajos a los diez minutos.

A los veinte minutos, la segunda mitad trajo un giro inesperado. Una de las diez noveles que debutaban en un mundial, la defensiva de 19 años, Lucía González, interceptó un pase y, con una rapidez de sobra, envió la pelota al área rival. El balón llegó a los pies de la delantera, Julieta Jankunas, quien, sin pensarlo, remató de volea y empató el marcador. El gol encendió la grada y, sobre todo, a un plantel que había demostrado que la experiencia y la juventud podían coexistir sin roces.

El resto del tiempo regular fue una batalla táctica. El entrenador nacional, Carlos Retegui, realizó dos cambios estratégicos que incluyeron a dos de las debutantes en posiciones de ataque, buscando romper la defensa holandesa con frescura y velocidad. La jugada que definió el partido llegó en los minutos finales del tiempo suplementario. Un saque de banda ejecutado por la mediocampista veteranísima, Pilar Campoy, encontró a la interior de la zona, donde la joven atacante Sofía Moresca, a sus 18 años, recibió el pase y disparó al ángulo superior del arco, dejando sin opciones al portero holandés. El 2-1 quedó en el marcador y la ovación que siguió se sintió como un terremoto.

Más allá del resultado, el triunfo tiene varios matices que lo hacen histórico. En primer lugar, la cifra de diez debutantes en un torneo de la magnitud del Mundial es inédita para Las Leonas. Jugadoras como González, Moresca, la defensa central Ana María Roldán y la mediocampista ofensiva Camila Machín fueron llamadas a la cancha sin haber disputado antes un solo partido mundialista. Su desempeño, sin embargo, fue tan sólido que la prensa local ya las califica de “la generación que renueva el legado”.

En segundo lugar, el hecho de haber superado a Holanda, el equipo que había dominado el hockey femenino durante la última década, otorga a la victoria una capa de legitimidad que va más allá del trofeo. La selección holandesa, con ocho jugadoras que juegan en ligas europeas de primera categoría, llegó a la final como clara favorita. El planteamiento táctico de Retegui, basado en una presión alta y transiciones veloces, logró neutralizar la técnica neerlandesa y, sobre todo, impuso un ritmo que los visitantes no supieron contener.

El contexto del campeonato también añade peso al logro. El Mundial se jugó en territorio argentino, con partidos en distintas provincias; la final en Santiago del Estero marcó el cierre de un torneo que, a diferencia de ediciones anteriores, se vivió con una audiencia creciente y una cobertura mediática que incluyó transmisiones en vivo por plataformas digitales. La afluencia de más de 5.000 espectadores al estadio y la transmisión simultánea en la televisión pública generaron una atmósfera de festival que, según los propios jugadores, “nos hizo sentir que la victoria era un regalo para todos los argentinos que nos siguen”.

Tras el pitazo final, la celebración fue inmediata. Las jugadoras, abrazadas en el centro del campo, levantaron la Copa del Mundo mientras la bandera tricolor ondeaba sobre sus hombros. En la zona de prensa, la capitana Granatto recordó la derrota inicial: “Aquella goleada nos dolió, pero nos sirvió de lección. Hoy demostramos que el trabajo en conjunto y la confianza en los jóvenes nos devolvieron la dignidad que merecemos”. El director técnico Retegui, por su parte, subrayó la importancia de la continuidad: “Este título no es el final, es el comienzo de una nueva era. Tenemos que seguir apostando por la base y mantener la excelencia”.

El triunfo de Las Leonas, su tercera corona mundial, consolida un legado que ya se escribe en los libros de historia del deporte argentino. A diez años de la primera conquista, el equipo ha logrado reinventarse sin perder la esencia que lo caracteriza: garra, juego colectivo y una pasión que se contagia a toda la nación. Mientras la afición celebra con banderas y cánticos, el futuro se perfila con jóvenes que, como las debutantes de este torneo, ya han probado que pueden llevar la antorcha a la siguiente generación.

Con la copa bajo el brazo

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