Los tweets distorsionan estudio que no equipara al cerebro con ChatGPT
Un tuit afirmó que un nuevo paper demuestra que el cerebro predice la próxima palabra como lo hace ChatGPT, y otro respondió citando a Chomsky. La investigación de Cornell, publicada en enero de 2026, no respalda esas conclusiones y ni siquiera menciona al lingüista.
Un mensaje circuló en redes con la frase “Chomsky estaba equivocado” y aseguraba que un estudio reciente muestra que el cerebro no organiza el lenguaje en árboles gramaticales, sino que simplemente predice la palabra siguiente, “igual que ChatGPT”. La publicación que citan fue firmada por Yngwie Nielsen y Morten Christiansen, de la Universidad de Cornell, y apareció en enero de 2026 en la revista Nature Human Behaviour.
En respuesta, otro tuit sostuvo que “eso es literalmente lo que Noam Chomsky dijo siempre” y añadió “no hay nada nuevo bajo el sol”. La contradicción entre ambos mensajes no se refleja en el artículo científico.
Nielsen y Christiansen llevaron a cabo cuatro experimentos con casi 500 participantes. Analizaron registros de lectura con seguimiento ocular y conversaciones telefónicas reales. Los resultados indican que, además de los tradicionales “bloques jerárquicos” que la lingüística ha defendido durante setenta años, el cerebro almacena secuencias lineales que no forman una caja gramatical, como la cadena “verbo, preposición, artículo” (por ejemplo, “llegó a la”) o fórmulas tipo “en el medio de la”. Estas unidades se procesan más rápido la segunda vez que aparecen, un fenómeno conocido como priming, lo que sugiere que están guardadas en la memoria.
En una entrevista, uno de los autores precisó que “no podemos afirmar que no haya árboles”, pero que “hay algo más que árboles”. El artículo no menciona a Noam Chomsky, ni afirma la desaparición de la jerarquía, ni compara sus hallazgos con la inteligencia artificial. El salto del tuitero de “guardamos trozos lineales” a “el cerebro es un predictor de tokens” no aparece en el paper.
Los autores señalan que su hallazgo desafía tanto a los seguidores de Chomsky como a los defensores de la gramática de construcciones, sin constituir una victoria de ningún bando. Además, el estudio se realizó exclusivamente en inglés, por lo que aún falta comprobar si los resultados se replican en otros idiomas, incluido el español. Christiansen admite que “todavía no estamos ahí” respecto a explicar completamente el papel de esos trozos lineales en la cognición lingüística.
El trabajo también sugiere que lectores fluidos reconocen fragmentos frecuentes sin descifrar palabra por palabra, lo que explica por qué la práctica intensiva mejora la fluidez lectora. En conclusión, el estudio aporta una pieza al rompecabezas del procesamiento del lenguaje, pero la “revolución” anunciada en los tweets no está respaldada por el artículo.
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