Crisis climática en Nepal
Dos embalses de la zona montañosa se desbordaron y obligaron a autoridades, equipos de rescate y vecinos a mantenerse en máxima vigilancia. La cifra de víctimas sigue subiendo mientras el gobierno evalúa nuevas medidas de evacuación.
El martes 27 de agosto, las autoridades nepaleses confirmaron que los lagos de Karnali y Gokyo, ubicados en la cordillera del Himalaya, alcanzaron niveles críticos y comenzaron a derramar agua hacia los valles circundantes. El desbordamiento provocó inundaciones repentinas en varios distritos del norte del país, dejando al menos 210 personas muertas y cientos más heridos o desaparecidas, según datos oficiales del Ministerio de Defensa.
El fenómeno se originó después de tres semanas de lluvias intensas que superaron los índices históricos de precipitación en la región. Los expertos de la Oficina Meteorológica de Nepal explicaron que la acumulación de agua en los embalses glaciares, combinada con el rápido deshielo de los glaciares alpinos, generó una presión excesiva que los hizo colapsar. “No se trata solo de una lluvia fuerte; es la combinación de factores climáticos y la vulnerabilidad de los lagos de alta montaña”, señaló el climatólogo Dr. Arjun Shrestha en una entrevista con la agencia.
Ante la magnitud del suceso, el gobierno declaró estado de emergencia en los distritos de Dolpa, Mustang y Manang, donde los ríos alimentados por los dos lagos se expandieron rápidamente, arrasando caminos, puentes y viviendas. El presidente de la República, Bidya Devi Bhandari, emitió un comunicado en el que ordenó a todo el personal de seguridad, a los equipos de rescate y a la población permanecer en “estado de máxima alerta”. La orden incluye la suspensión de actividades no esenciales, la prohibición de desplazarse en zonas inundables y la obligación de seguir los protocolos de evacuación señalados por las autoridades locales.
Los cuerpos de seguridad, encabezados por la Policía Nacional de Nepal, establecieron puestos de control en los principales accesos a los valles afectados. Los equipos de la Brigada de Rescate de Montaña, entrenados para operar en condiciones de alta altitud, fueron movilizados desde Katmandú y otras capitales provinciales. Hasta el momento, han rescatado a más de 1.200 personas que se encontraban atrapadas en sus hogares o en pequeñas aldeas aisladas por el agua. Los operativos se realizaron tanto en helicópteros como en lanchas inflables, adaptándose a la topografía accidentada del terreno.
Las organizaciones no gubernamentales también aportaron recursos. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) desplegó un convoy de suministros de alimentos, agua potable y medicinas a los centros de acopio temporales instalados en la ciudad de Pokhara. Por su parte, la ONG Save the Children informó que más de 4.500 niños y adolescentes fueron evacuados a refugios seguros, donde reciben atención psicológica y apoyo educativo mientras se restablecen los servicios básicos.
En la zona rural, los vecinos se organizaron para construir barreras improvisadas con sacos de arena y troncos, intentando contener el avance del agua. “Nos avisaron que el nivel del lago subiría, pero no esperábamos que fuera tan rápido”, comentó Laxmi Tamang, residente de una comunidad de 120 habitantes en el distrito de Mustang. “Ahora nos quedamos en casa, con la radio encendida, esperando instrucciones”.
El número de víctimas sigue en aumento. Hasta la fecha, los registros oficiales indican 210 fallecidos, 85 desaparecidos y más de 1.000 heridos. Las autoridades sanitarias reportan que los hospitales de la región están saturados; varios pacientes fueron trasladados a instalaciones de mayor capacidad en Katmandú mediante helicópteros de la Fuerza Aérea Nepalí. Los médicos advierten que la escasez de suministros y la falta de infraestructura adecuada podrían complicar la atención de los heridos si las lluvias continúan.
El presidente Bhandari anunció que el gobierno solicitará ayuda internacional a través del Fondo de Emergencia Humanitaria del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Además, se activó el Comité de Coordinación de Desastres (CDC) para centralizar la gestión de recursos y la información entre los distintos organismos involucrados.
Los analistas del sector de gestión de riesgos señalan que la vulnerabilidad de Nepal ante eventos climáticos extremos ha crecido en la última década, impulsada por el cambio climático y la falta de infraestructura de mitigación. “Este episodio subraya la necesidad de invertir en sistemas de alerta temprana y en la reubicación de comunidades en áreas de alto riesgo”, comentó el especialista en desastres naturales, Dr. Maya Gurung, en una conferencia virtual.
Mientras tanto, la población afectada se enfrenta a la incertidumbre. Las autoridades han establecido un plan de evacuación que contempla la reubicación temporal de más de 10.000 familias en campamentos seguros, donde se proveerá alimentación, agua y servicios sanitarios básicos. Los residentes que permanezcan en sus hogares deben seguir las indicaciones de los equipos de rescate y evitar desplazarse por rutas inundadas.
En los próximos días, se esperan nuevas evaluaciones técnicas de los lagos de Karnali y Gokyo para determinar la estabilidad de sus márgenes y la posibilidad de más desbordes. El Ministerio de Obras Públicas ha anunciado que se estudiará la construcción de estructuras de contención y la implementación de sistemas de drenaje que reduzcan la presión sobre los embalses.
El episodio de los dos lagos que amenazaron con nuevas inundaciones en Nepal se inserta en una serie de desastres naturales que ha golpeado al país en los últimos años, desde terremotos hasta deslizamientos de tierra. La respuesta coordinada entre gobierno, fuerzas de seguridad, organizaciones humanitarias y la propia comunidad muestra una capacidad de reacción, aunque los retos logísticos y la magnitud del daño siguen siendo considerables.
Con la alerta máxima vigente y los equipos de rescate trabajando sin descanso, la prioridad sigue siendo salvar vidas y garantizar que la población cuente con los recursos necesarios mientras se estabiliza la situación en los valles afectados. La evolución del fenómeno será monitorizada

