Calor extremo se extiende fuera del verano a más de la mitad de la Tierra
Un estudio de la Escuela del Clima de Columbia revela que los episodios de calor intenso aparecen cada vez antes en la primavera y se prolongan hasta el otoño, cubriendo más de la mitad de la superficie terrestre. En Phoenix, por ejemplo, los días de calor extremo casi se duplicaron en la última década.
Investigadores de la Escuela del Clima de Columbia, en colaboración con la NASA y la Universidad de Nueva York, publicaron esta semana sus hallazgos en la revista AGU Advances. El trabajo, liderado por la climatóloga Catherine Ivanovich, se centró en la frecuencia y la distribución temporal de los episodios de calor extremo a nivel global.
Para medir el “calor extremo” los autores tomaron los días que se ubicaron en el 5 % superior de las temperaturas diarias, usando dos índices: uno basado en la temperatura del aire (calor seco) y otro que combina temperatura, humedad y radiación solar (calor húmedo). Compararon dos periodos: la década de 1980 (1980‑1989) y la más reciente, de 2015 a 2024.
Los resultados muestran una expansión marcada. En el caso del calor seco, la zona donde se registraron extremos se amplió a poco más de la mitad de la superficie terrestre; para el calor húmedo, la expansión alcanzó casi la mitad del planeta. Esta ampliación no es uniforme: en el oeste de EE UU., el este de China, el norte de África y el este de Europa los eventos se volvieron más frecuentes en los dos meses posteriores a la temporada tradicional de verano. En contraste, en Europa occidental, el sur de África y el noroeste de la India los picos de calor se concentraron principalmente en los dos meses previos al verano.
Un caso que ilustra la magnitud del cambio es la ciudad de Phoenix, Arizona. En los años 80 la ciudad acumuló 183 días de calor extremo según el índice de calor seco; entre 2015 y 2024 esa cifra se disparó a 338. Además, mientras en la década de referencia ninguno de esos eventos se dio después del fin oficial del verano, en la última década el 6 % sí ocurrió en otoño. La fecha media de los extremos de calor seco se desplazó 10 días hacia adelante en el calendario, mientras que los de calor húmedo se adelantaron 5,5 días.
El estudio también señala episodios fuera de temporada que antes eran prácticamente inexistentes. En marzo de 2024 Phoenix registró nueve días con temperaturas superiores a 38 °C, una situación que solo se había documentado una vez en todo el historial de la ciudad. En el condado de Maricopa, donde se ubica Phoenix, se contabilizaron 608 fallecimientos vinculados al calor en 2024; el 46 % de ellos ocurrió en julio, el mes más caluroso del año. En 2023, julio representó el 64 % de las 645 muertes relacionadas con el calor.
Ivanovich subraya la claridad de la tendencia: “Los patrones de expansión son asimétricos y varían según la región, pero el mensaje es contundente: el calor extremo está adquiriendo una nueva forma”. La investigadora advierte que, aunque el calentamiento global explica el desplazamiento del centro de la temporada, no basta para describir la asimetría observada en los bordes de la misma.
Para confirmar que estos cambios no son artefactos de los datos, los autores cruzaron información de la NASA con la del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, encontrando resultados consistentes. El siguiente paso, según el equipo, será comparar las observaciones con simulaciones climáticas que permitan generar un número mayor de escenarios y reforzar la evidencia de un nuevo patrón climático.
En definitiva, la investigación sugiere que el concepto tradicional de “verano” como único periodo de riesgo térmico está quedando obsoleto. Con el calor extendiéndose a la primavera y al otoño, la planificación de alertas y de infraestructuras de refrigeración deberá adaptarse a una realidad donde el calor extremo ya no se respeta al calendario.



