Julio hunde la actividad 2,9% y aviva la amenaza de recesión técnica
El Estimador Mensual de Actividad Económica mostró una caída de 2,9% en julio, la más profunda desde la pandemia. Analistas calculan que evitar una recesión técnica requeriría un repunte de 3% mensual en agosto y septiembre, una meta que muchos califican de muy lejana.
El dato de julio del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) encendió la alerta en los mercados: la actividad se contrajo 2,9% mensual sin estacionalidad, superando la caída del 0,6% registrada en el segundo trimestre del PIB. Según la definición de recesión técnica, basta con dos trimestres consecutivos de PIB desestacionalizado negativo para que la economía sea catalogada como recesiva. Con el segundo trimestre ya en rojo, la pelota está ahora en la cancha de agosto y septiembre.
Los economistas coinciden en que la magnitud de la caída de julio complica cualquier intento de revertir la tendencia en el corto plazo. La consultora LCG estima que, para que el tercer trimestre cierre sin registrar una recesión técnica, la actividad tendría que crecer un 3% mensual en ambos meses. Ese número contrasta con la proyección de Empiria, que exige un salto acumulado del 6% entre agosto y septiembre, una cifra que el propio Federico González Rouco calificó como “muy difícil de concretar”. La disparidad entre ambas estimaciones ya plantea la primera pregunta: ¿existe un consenso real sobre la capacidad de recuperación de la economía, o los analistas están simplemente ajustando sus metas a expectativas distintas?
El problema no es solo la caída general, sino la brecha sectorial. Comercio, industria y construcción – los principales generadores de empleo – registraron una caída mensual del 3,8% y se encuentran 6,8% por debajo de los niveles de noviembre de 2023. En contraste, el resto de la economía, impulsado por agro, minería y petróleo, retrocedió apenas 1,5%. Dentro de esos sectores, el agro moderó su ritmo a 0,7% interanual, mientras que la industria cayó 4,6%, el comercio 5,1%, la construcción 3,3% y la intermediación financiera 3,0% respecto al mismo mes de 2025. La pregunta que surge es por qué los motores tradicionales del empleo no logran responder a los estímulos y si la dependencia del sector agro‑exportador es sostenible a medio plazo.
Los indicadores de confianza añaden otra capa de incertidumbre. El índice líder de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) señaló en agosto una probabilidad del 82% de que la economía entre en recesión en los próximos meses. Por su parte, el economista jefe de Facimex, Adrián Yarde Buller, redujo su proyección de crecimiento al 1,5% y describió la situación como “un riesgo creciente de recesión técnica”. La consistencia de estos avisos sugiere que el llamado “serrucho” – alternancia de caídas y leves repuntes – no es un fenómeno puntual, sino una dinámica de fondo que, según LCG, mantiene a la economía en un estado “cuasi recesivo”.
Frente a este panorama, los analistas proponen medidas estructurales: acelerar la recuperación de los salarios reales mediante la eliminación de topes a las paritarias, reducir los encajes bancarios y volver a la integración del 100 % por promedio mensual para achicar el spread entre tasas pasivas y activas. La intención es mejorar las condiciones de financiamiento y normalizar la mora en créditos a personas físicas. Sin embargo, la falta de claridad sobre la puesta en marcha de esas políticas deja otro interrogante: ¿el gobierno tiene la voluntad política y la capacidad operativa para implementar cambios tan profundos en medio de una contracción ya en curso?
En suma, la economía argentina se encuentra en una encrucijada. La caída del 2,9% en julio no solo marca la peor variación mensual desde la



