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Cultura

Literatura convierte el 11‑S en relatos de duelo y conflicto

A 25 años del atentado a las Torres Gemelas, la ficción sigue procesando la tragedia. Desde los ensayos inmediatos de McEwan y Auster hasta novelas que enlazan el 11‑S con guerras en Afganistán e Irak, los autores han transformado la imagen televisada en experiencias íntimas y en una mirada global a la “guerra contra el terror”.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 11 de septiembre de 2026 - 09:51hs

En los días posteriores al 11 de septiembre de 2026, cuando el mundo vio caer las Torres Gemelas, la prensa cultural de Estados Unidos y Reino Unido publicó una serie de textos de escritores de renombre para intentar dar sentido a la catástrofe. Ian McEwan abordó las últimas llamadas de las víctimas, Martin Amis reflexionó sobre la vulnerabilidad estadounidense, Paul Auster tomó notas en el mismo día y Don DeLillo, en diciembre, analizó el significado histórico y político del ataque. Estas intervenciones periodísticas anticiparon los temas que después se desarrollarían en sus obras de ficción. Las primeras novelas que se adentraron en el 11‑S tuvieron que enfrentar una dificultad particular: la magnitud visual del atentado hacía que la realidad pareciera ya una ficción. En “El hombre del salto” (2007), DeLillo abre con un superviviente que recorre los escombros, describiendo la escena como “un mundo, un tiempo y un espacio de ceniza cayendo y casi noche”. El pasaje convierte la imagen televisada en una experiencia corporal, desorientadora y fragmentada. De forma similar, “Tan fuerte, tan cerca” (2005) de Jonathan Safran Foer sitúa la televisión, las fotografías y los objetos cotidianos en el centro de la narración, enfocándose no tanto en la destrucción de las torres sino en la ausencia, el duelo y la dificultad de retomar una vida normal. Paul Auster, en “Un hombre en la oscuridad” (2008), siguió esa línea, trasladando la saturación de imágenes a la intimidad de un matrimonio y de una familia que no logra olvidar lo visto en la pantalla. Si bien estas obras aportaron una dimensión personal al acontecimiento, la mayoría de la narrativa de los primeros años se mantuvo dentro de los marcos occidentales. Algunas novelas, sin pretenderlo, reprodujeron la polarización “Occidente‑Islam” que dominaba el discurso oficial, sin ahondar en las causas históricas o políticas que subyacen a la violencia. A medida que se intensificaron las guerras en Afganistán e Irak, la literatura empezó a ampliar la perspectiva. “El fundamentalista reticente” (2007) de Mohsin Hamid, “La casa de los sentidos” (2008) de Nadeem Aslam y “Sombras quemadas” (2009) de Kamila Shamsie trasladan el 11‑S más allá de una tragedia exclusivamente estadounidense. Sus personajes musulmanes se convierten en sospechosos tanto en Nueva York como en Londres, mientras sus familias sufren las consecuencias de los conflictos en Pakistán, Afganistán o Irak. Estas novelas demuestran que la “guerra contra el terror” se extendió a aeropuertos, aulas y barrios, no solo a los campos de batalla. En mi investigación doctoral propuse leer esas obras como literatura de la “glocalización”: lo global nunca ocurre en abstracto, sino que se vive en cuerpos, casas y ciudades concretas. “Sombras quemadas”, por ejemplo, enlaza el bombardeo atómico de Nagasaki, la partición de la India, la Guerra Fría y la guerra contra el terror a través de dos familias, mostrando cómo decisiones gubernamentales marcan la piel y las relaciones personales. El vínculo entre terrorismo y economía también encontró su lugar en la ficción. “Netherland” (2010) de Joseph O’Neill, “El fundamentalista reticente” y “Kapitoil” (2015) de Teddy Wayne exploran cómo el terrorismo, los mercados financieros, el petróleo y la especulación se entrecruzan. Los protagonistas se mueven cerca del centro financiero de Nueva York, pero sus decisiones repercuten en países y vidas alejados de Wall Street. El eco del 11‑S también resonó en otras capitales europeas. Tras los atentados del 11 de marzo de 2004, la literatura española abordó la tragedia de los trenes de Madrid desde la memoria y el duelo; un ejemplo es “El mapa de la vida” de Adolfo García Ortega. En Londres, Ian McEwan trasladó el miedo al terrorismo y al debate sobre la guerra de Irak a la vida cotidiana en “Sábado” (2005). Después del atentado del 7 de julio de 2005, obras como “Incendi

Publicado el 11 de septiembre de 2026 - 09:51hs

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