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Cultura

Miles acompañan al Negro Rubén Rada en su último adiós

El funeral del ícono del candombe reunió a más de tres mil personas en el Cementerio del Norte de Montevideo. Entre tambores, cantos y palabras de agradecimiento, la multitud rindió homenaje a la vida del músico que marcó tres generaciones.

Montevideo, 28 de agosto (TiempoReal) – La mañana del lunes se tornó un escenario de reverencia y celebración cuando el cuerpo de Rubén Rada, conocido popularmente como “el Negro Rubén”, fue trasladado al Cementerio del Norte. El cortejo, encabezado por su familia y acompañado por una fila de tambores que marcaba el ritmo de la marcha, culminó ante la entrada principal del recinto, donde se formó una muchedumbre que superó los tres mil asistentes.

El servicio fúnebre, que se desarrolló bajo una ligera llovizna, contó con la presencia de autoridades locales, representantes del Ministerio de Cultura y una larga lista de músicos y artistas que compartieron su trayectoria. El intendente de Montevideo, Christian Di Candia, tomó la palabra para reconocer la influencia de Rada en la identidad musical del país, señalando que “su legado trasciende géneros y generaciones”. Por su parte, la ministra de Cultura, Laura Martínez, recordó que el artista “fue pionero al mezclar el candombe con el jazz y el rock, creando un sonido único que sigue resonando en los escenarios”.

Rubén Rada nació en 1943 en el barrio Palermo y, desde sus inicios, se involucró en la escena del candombe, un ritmo afro‑uruguayo que había sido relegado a los márgenes de la cultura nacional. A los 20 años, formó parte del grupo Los Shakers, y a mediados de los setenta fundó “Los Mockers”, una banda que introdujo el rock psicodélico en la escena local. En los años ochenta, su proyecto “Rubén Rada y su Cueva” consolidó una fusión entre el candombe y el jazz, abriendo paso a colaboraciones con músicos internacionales como Miles Davis y Herbie Hancock. A lo largo de su carrera, el cantautor grabó más de 30 álbumes y recibió múltiples premios, entre ellos el Premio Konex de Platino en 1995 y el Premio Gardel de Oro en 2003.

Durante la ceremonia, los tambores de la agrupación “Los Tambores del Norte” marcaron los momentos clave: la llegada del féretro, el recitado de la carta de despedida escrita por la esposa de Rada, y el último homenaje musical. El repertorio incluyó versiones de “La Canoa” y “Candombe del 70”, canciones que habían sido himnos de sus conciertos y que, según los asistentes, fueron interpretadas con una carga emotiva que resonó en toda la explanada. A los 77 años, Rada había anunciado su retiro de los escenarios apenas un año antes, tras una larga enfermedad que le había llevado a limitar sus presentaciones públicas.

Los familiares, entre los que se encontraban su hija, la cantante y compositora Ana Rada, y su hermano, el bajista Carlos Rada, expresaron su gratitud a los seguidores. “Cada tambor que escuché hoy me recordó a mi padre, a su pasión por la vida y la música”, señaló Ana, con la voz entrecortada. Los niños que acompañaban a sus padres, muchos de los cuales llevaban camisetas con la palabra “Rada”, fueron testigos de un momento que, para muchos, simbolizó la transmisión de una tradición cultural a las nuevas generaciones.

En los alrededores del cementerio, se instalaron puestos de venta de discos y libros sobre la vida del músico. Librerías independientes ofrecieron ediciones limitadas de su discografía, mientras que jóvenes músicos improvisaron sesiones de jam en la entrada, reinterpretando sus clásicos bajo la lluvia. La atmósfera, describió un observador, combinó la solemnidad de un funeral con la energía festiva propia del candombe, creando una mezcla que reflejaba la esencia del propio Rubén Rada.

El entierro se realizó en la zona de la colina, donde la familia depositó la caja bajo una lápida de granito. Sobre ella, una placa con la inscripción “Rubén Rada – 1943‑2026” quedó acompañada de un pequeño tambor tallado a mano, símbolo de su vínculo con la música afro‑uruguaya. Al concluir el acto, los presentes dejaron ofrendas de flores y notas escritas a mano, muchas de ellas con la frase “Gracias por el ritmo”.

Con la partida del Negro Rubén, la escena musical uruguaya pierde a uno de sus mayores exponentes, pero su obra sigue viva en los salones de ensayo, en las radios y en los corazones de quienes crecieron escuchando sus ritmos. La Universidad de la República anunció la creación de una cátedra dedicada a la investigación del candombe y la música popular, una iniciativa que

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 28 de agosto de 2026 - 19:12hs

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