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Trump anuncia nueva oleada de ataques tras represalias iraníes

El presidente de EE. UU. volvió a amenazar con intensificar la ofensiva militar contra Irán después de que Teherán respondiera a los bombardeos estadounidenses. La escalada, que ya está encareciendo el crudo y provocando víctimas civiles, deja abiertas muchas preguntas sobre la estrategia y la autorización política detrás de la decisión.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 2 de septiembre de 2026 - 00:13hs

El viernes, Donald Trump declaró que Estados Unidos “no se detendrá” y que la próxima fase del conflicto con Irán “será más fuerte”. La frase se dio en una rueda de prensa improvisada en la Casa Blanca, minutos después de que el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní anunciara que había lanzado misiles contra bases estadounidenses en Irak y Siria en represalia por los bombardeos de drones que, según Washington, habían alcanzado instalaciones vinculadas al programa nuclear iraní.

Los ataques de los últimos días marcaron la primera vez en más de una década que ambos países se golpean de forma directa en territorio extranjero. Desde el 3 de abril, cuando aviones de la Fuerza Aérea de EE. UU. destruyeron un sitio de lanzamiento de drones en la provincia de Khuzestán, Teherán respondió con un aluvión de misiles balísticos que, según fuentes militares, impactaron en la base de al‑Qaeda en al‑Asad, en Irak, y en la instalación de la coalición en al‑Kufrah, Siria. Las autoridades locales confirmaron al menos dos muertos y varios heridos civiles en la zona de al‑Kufrah, donde la población ya vive bajo constante amenaza.

El precio del crudo, que había rondado los 70 dólares por barril, se disparó a casi 84 dólares después de que los mercados reaccionaran al riesgo de una guerra más amplia en el Golfo Pérsico. Analistas de energía advierten que una escalada sostenida podría cerrar el Canal de Suez o, peor aún, provocar una interrupción del flujo de gas natural licuado (GNL) hacia Europa, que sigue recuperándose de la crisis energética provocada por la invasión rusa a Ucrania.

Lo que queda sin respuesta es quién autoriza estos nuevos bombardeos. La Constitución estadounidense otorga al Congreso la potestad de declarar la guerra, pero la práctica reciente ha delegada la mayor parte de esa autoridad al presidente, bajo la llamada “ley de guerra”. En la Cámara de Representantes, varios legisladores demócratas ya anunciaron que presentarán una moción para exigir una autorización formal del Congreso antes de cualquier nuevo ataque. Por su parte, la mayoría republicana se muestra reacia a cuestionar la “autoridad del comandante en jefe”, argumentando que la rapidez de la respuesta es esencial para frenar la amenaza iraní.

Otra incógnita es la estrategia a largo plazo. Hasta ahora, la administración Trump ha defendido la política de “presión máxima” contra Irán, una línea que se remonta a la campaña de 2018 y que incluye sanciones económicas, la retirada del acuerdo nuclear (JCPOA) y la designación de Irán como Estado patrocinador del terrorismo. Sin embargo, la escalada actual parece haber sobrepasado el objetivo de “desestabilizar” al régimen, pues está generando presión sobre poblaciones civiles y alimentando la narrativa de los extremistas que usan la violencia como reclamo de legitimidad.

En la arena diplomática, Irán sigue rechazando cualquier intento de negociación sin el levantamiento de las sanciones que, según su gobierno, han “ahogado” la economía del país. En contraste, Washington mantiene la postura de que el Irán nuclear es una amenaza existencial y que la única forma de lograr un acuerdo viable es mediante “presión combinada” de sanciones y fuerza militar. La contradicción entre la retórica de apertura a negociaciones y la práctica de lanzar ofensivas sigue sin resolverse, y la comunidad internacional observa con recelo cómo se desenvuelve la situación.

Los críticos también apuntan a la falta de claridad sobre los objetivos concretos de los nuevos ataques. ¿Se busca destruir infraestructura militar iraní en territorio extranjero, neutralizar a milicias respaldadas por Teherán, o forzar a Irán a regresar a la mesa de negociaciones? La ausencia de un plan de “salida” genera dudas sobre la escalada sostenida. Además, la falta de información sobre la precisión de los bombardeos plantea la cuestión de la responsabilidad frente a los civiles muertos o heridos, un tema que podría desencadenar investigaciones internacionales por posibles crímenes de guerra.

Mientras tanto, la población local en los países donde se han producido los ataques vive una realidad de incertidumbre. En al‑Kufrah, los residentes describen noches sin dormir, con el sonido de sirenas y explosiones que se sienten a kilómetros de distancia. En Irak, los líderes tribales denuncian que la presencia de fuerzas estadounidenses y sus contraataques están “desestabilizando” la región y alimentando la propaganda de grupos militantes que reclaman el apoyo de Irán.

En el plano interno, la promesa de Trump de “más ataques” también sirve como discurso de fortalecimiento frente a una opinión pública que, según encuestas recientes, muestra una creciente fatiga ante los conflictos exteriores. La pregunta que queda en el aire es si la administración está respondiendo a una amenaza real o simplemente buscando consolidar una narrativa de fuerza para distraer la atención de problemas internos, como la inflación y la incertidumbre electoral que se avecina.

En definitiva, la escalada entre EE. UU. e Irán ha pasado de ser una serie de intercambios de misiles a una confrontación que afecta la economía global, la seguridad de civiles en varios países y la propia credibilidad de los procesos democráticos en Washington. La falta de una hoja de ruta clara, la ausencia de autorización parlamentaria y la ambigüedad sobre los objetivos finales hacen que la promesa de “más ataques” resulte más una

Publicado el 2 de septiembre de 2026 - 00:13hs

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