Yellen y Suzuki buscan frenar la caída del yen en Asheville
El secretario del Tesoro de EE. UU. y la ministra de Finanzas japonesa se reunieron en Carolina del Norte para discutir la reciente intervención cambiaria que intentó estabilizar el yen. La charla incluyó al gobernador del Banco de Japón y giró en torno a la necesidad de un compromiso fiscal sólido, pero quedó en el aire cuál será la jugada concreta.
El pasado miércoles, en la ciudad de Asheville, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, sostuvo una reunión de alto nivel con la ministra de Finanzas de Japón, Shunichi Suzuki, acompañados por el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda. El tema central: la brusca devaluación del yen tras la intervención conjunta de julio, cuando autoridades de ambos países vendieron dólares para contener la caída de la moneda.
En julio, el yen perdió casi un 9 % frente al dólar en menos de dos semanas, una caída que encendió alarmas en los mercados y reactivó el temido “vigilancia cambiaria” que había quedado en pausa desde 2022. La acción coordinada de Yellen y el gobernador del Banco de Japón, que incluyó la venta de cerca de 30 mil millones de dólares, logró un leve repunte, pero la estabilidad sigue siendo esquiva. Los analistas señalan que, pese a la intervención, el yen volvió a situarse bajo los 150 yenes por dólar, nivel que no se veía desde 1990.
La reunión de Asheville se dio en un contexto de presión fiscal y monetaria para Japón. Suzuki, quien asumió el ministerio a mediados de 2023, ha defendido la necesidad de un “compromiso fiscal firme” para acompañar la política monetaria ultra‑expansiva del Banco de Japón. Sin embargo, la realidad presupuestaria del país, con una deuda pública que supera el 250 % del PIB, dificulta cualquier aumento de gasto o recorte de impuestos que pudiera reforzar la confianza en la moneda.
Durante la conversación, Yellen recordó que la estabilidad cambiaria es “un bien público” y que Estados Unidos está dispuesto a “apoyar acciones coordinadas” cuando la volatilidad amenace la estabilidad financiera global. Pero, ¿qué implica ese apoyo en la práctica? No se anunciaron nuevos paquetes de reservas ni compromisos de venta de dólares. La falta de claridad deja al mercado con la sensación de que la intervención de julio fue un parche puntual más que una política sostenida.
Ueda, por su parte, reiteró que el Banco de Japón mantendrá su política de control de la curva de rendimientos y de tasas ultra‑bajas, una postura que, según críticos, alimenta la fuga de capitales y debilita al yen. La contradicción entre una política monetaria acomodaticia y la exigencia de un “compromiso fiscal” más rígido plantea una pregunta incómoda: ¿puede Japón equilibrar simultáneamente una política de estímulo interno con la necesidad de defender su moneda frente a un dólar fuerte?
Los expertos señalan que la reunión no resolvió la incógnita más relevante: la estrategia a largo plazo. Mientras que la intervención de julio fue una respuesta reactiva, los analistas piden una hoja de ruta clara que incluya, por ejemplo, la creación de un fondo de estabilización cambiaria, la revisión de la política de compra de bonos del gobierno o la coordinación de metas de inflación con el FMI. Sin esos elementos, cualquier intento de “firme compromiso fiscal” corre el riesgo de quedarse en declaraciones de prensa.
Otro punto que quedó en el aire es el papel de la política interna de Japón. Suzuki ha mencionado la posibilidad de revisar la ley de gasto público, pero los partidos de oposición han advertido que cualquier intento de aumentar los impuestos o recortar subsidios provocará protestas y podría desestabilizar aún más la economía. En ese escenario, la presión sobre el Banco de Japón para que actúe de forma más agresiva sobre el yen podría intensificarse, generando una espiral de decisiones contradictorias.
Por su parte, la administración de Biden parece enfocarse en reforzar la confianza en el dólar, que sigue siendo la divisa de referencia global. La reunión en Asheville no incluyó a ningún representante del Departamento del Tesoro que pudiera anunciar nuevas medidas de liquidez, lo que sugiere que la postura de EE. UU. sigue siendo de “apoyo puntual” más que de compromiso permanente.
En conclusión, la cumbre de Asheville dejó más preguntas que respuestas. La intervención de julio logró contener la caída del yen solo de manera temporal; la ausencia de un plan estructural, la carga de la deuda japonesa y la aparente incoherencia entre la política fiscal y la monetaria hacen dudar de la efectividad de cualquier futuro intento de estabilizar la moneda. Los mercados seguirán observando si la “voluntad firme” proclamada por Suzuki se traduce en acciones concretas o si, como ocurre con frecuencia en la diplomacia financiera, el discurso quedará en la agenda sin materializarse en resultados tangibles.



