Yacyretá produce 2.600 MW y vierte 16 millones l/s de agua
Una fuerte crecida del Paraná obligó a Itaipú y Yacyretá a abrir sus compuertas, pero la represa binacional sigue operando 18 de sus 20 turbinas. El exceso de caudal reduce el costo de la energía en Argentina, aunque simultáneamente se está “desperdiciando” parte del potencial hidráulico. ¿Vale la pena el vertido y qué riesgos implica?
Una ola de lluvias en la cuenca del Paraná hizo que los caudales afluentes a Yacyretá superaran los promedios históricos: 12.339 m³/s en septiembre y 14.400 m³/s en lo que va de octubre, según el Informe Hidrológico de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) del 13 de octubre. Las previsiones apuntan a picos de hasta 39.000 m³/s, impulsados también por una lluvia cinco veces mayor a la esperada en la cuenca del Iguazú.
Frente a esos niveles, la EBY decidió abrir primero el vertedero del brazo Aña Cuá y luego el vertedero principal, con el objetivo de regular el nivel del embalse y evitar que la cota supere los 3,50 m, umbral de alerta que ya se supera en Ituzaingó (3,50‑4,80 m) y que podría llegar a 5 m en los próximos días. La entidad asegura que la represa, diseñada para un caudal de 95.000 m³/s y con capacidad de descarga de 110.000 m³/s, no corre riesgo de ruptura.
A pesar del vertido, Yacyretá mantiene una generación cercana a su máxima potencia: 18 de sus 20 máquinas están en marcha, produciendo alrededor de 2.600 MW entre Argentina y Paraguay. Cada turbina recibe unos 13.000 m³/s (13 millones de litros por segundo) y, según los datos oficiales, se están desechando unos 16 millones de litros por segundo que no se convierten en energía. El salto de agua, reducido por el nivel elevado del río, empeora el rendimiento, aunque el impacto no es tan dramático como en la represa de Salto Grande, donde la generación cayó de 1.890 MW a menos de 1.200 MW por “ahogamiento”.
El precio de la energía hidroeléctrica de Yacyretá se sitúa en 28 USD/MWh, con un plus de 10 USD que se paga a Paraguay por la compra de parte de su electricidad. Ese costo se compara con los cerca de 40 USD/MWh de la generación térmica que sustituye, lo que genera un “leve alivio” para hogares, comercios e industrias y permite al Gobierno reducir subsidios eléctricos. Sin embargo, la cifra de 28 USD/MWh no incluye el valor de la energía que se está perdiendo al verter 16 millones de litros por segundo.
La contradicción es evidente: la represa está operando a casi plena capacidad, pero al mismo tiempo se está desperdiciando una cantidad considerable de agua potencialmente generadora. ¿Por qué no se aprovecha ese caudal adicional? La respuesta oficial se centra en la necesidad de mantener la seguridad del embalse y evitar inundaciones, pero la falta de datos sobre cuánta energía se pierde exactamente deja una incógnita importante para los usuarios y para la política energética.
Otro punto que queda sin aclarar es la coordinación entre Itaipú y Yacyretá. Ambas represas abrieron sus compuertas en la misma semana, pero la información disponible no detalla si la decisión fue conjunta o independiente, ni cómo se compara el impacto económico de cada una. Dado que Itaipú es compartida entre Paraguay y Brasil, mientras que Yacyretá involucra a Paraguay y Argentina, la gestión binacional de los recursos hídricos adquiere una dimensión política que la nota no explora.
En resumen, la crecida del Paraná ha obligado a regular el caudal mediante vertidos, pero la generación casi total de Yacyretá mantiene los precios de la energía bajo presión. La pregunta que queda abierta es si el ahorro de costos justifica el desperdicio de agua y si las autoridades están evaluando alternativas para capturar esa energía residual antes de que se convierta en un simple desagüe. Mientras tanto, los argentinos siguen beneficiándose de una tarifa eléctrica más baja, aunque sin saber cuánto más podrían ahorrar si se optimizara el uso del recurso hídrico.






